10 de enero de 2011
Empezamos la dieta. Primer día. Primeros esfuerzos. ¿Prueba superada? Je ne sais
pas. De buena mañana he tenido un dolor de barriga terrible que me ha obligado a sentarme un rato. Hemos desayunado un bocadillo de jamón dulce (tendría que ser de jamón serrano pero la chica me ha puesto dulce) y mi correspondiente cortado descafeinado de máquina. Has aquí, va bien. Durante la mañana he amenazado a mis compañeras de trabajo que prohibido totalmente traer pastas, bizcochos y cualquier otra cosa que sea “peligrosa” o vaya en contra de la ley (la ley de la dieta, claro está). Después de días de fiestas, vacaciones de algunos de mis compañeros y la vuelta al trabajo de la gran mayoría de los currantes del trabajo, hoy ha sido un día estresante, movido y no he tenido tiempo de pensar hasta que ha llegado la hora crítica… LAS DOS DE LA TARDE!!!!….hora en la cual el estómago hace acto de presencia. Me he
derrumbado un poco y por mi mente ha pasado la ilusión de poder ir a comprar al Mercadona y comprarme algo, lo que sea. Pero no!! he sido firme y me he dicho, ahora es la definitiva, hay que mentalizarse que ahora sí que sí, que hay que bajar. He seguido trabajando y mis malos pensamientos se han esfumado de la misma manera que han entrado en mi mente. Tres y media de la tarde. Era hora de comer algo, y como tenía que estar en el trabajo, me he llevado una lata de ensalada de pasta con atún. No está en la dieta, pero algo tenía que comer. La he engullido, he bebido agua y hasta ahí bien.
Cinco menos cuarto, hora de cerrar el día laboral y llamo a la parienta para decirle que me baje la merienda del niño (otro ser vivo que también se pone a dieta en casa!) y me dice que es igual, que le compre algo en la panadería. Reflexiono. Si le compro algo en la panadería, será algo que no está en su dieta, y por esa regla de tres, acabaré comprándome algo para mí y como no soy de comprensión fuerte, mi respuesta es: “baja la merienda que no pienso pararme a comprar nada en la panadería”. Sabia respuesta. Cobarde pero sabia. Digamos que me he alejado de la tentación y no he luchado contra ella.
Llegamos a casa después y ya no puedo aguantar más y decido comer unas tortas de maíz
con chocolate para saciar mi ansia, mi ansiedad tan fuerte por no poder comer nada de lo “prohibido”. Me tomé un cortado más y sacio esas ganas de comer sin que me arrepienta de ello.
Llega la noche y he conseguido no picar nada. Vamos bien. Hemos cenado espárragos con tortilla y ya no he querido comer nada mas. Hace más de media hora que acabé de cenar y espero no levantarme a coger nada más.
Hemos superado casi el primer día, pero es el más fácil… los peores, están por llegar.
Salud!